La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
Más minutosMartes, 07 de Agosto de 2007 13:11. Comentarios » Ir a formularioAutor: La donna è mobile Ayer compramos un numerito de la once. No solemos comprar numeritos de la once en esta casa. Ni de la once, ni de lotería nacional, primitiva, ancestral o atávica. Pero los críos todavía tienen la capacidad de creer que si compras, lo más natural es que te acabe tocando (he de confesar que puestos a desbarrar en futuribles premiados, también se puede contar conmigo, y quizá acabe siendo la peor de todos). Y entonces se pasan la tarde comprándose cosas, yéndose a lugares, gastándose un dinero que no tienen. Haciendo lecheritas. Yo sé desde las diez de la noche de ayer que no hay razones para seguir gastando. El billete no premiado está en la mesa de la entrada, y ahora cuando me levante a preparar la comida, lo cogeré, lo apretaré, arrugaré y sin que me vea nadie lo meteré en el fondo de la basura. Sin decir ni pío. Ahora mismo me parece superfluo, cuando ya ni se acuerdan del numerito ni de la once ni del perrito ni de las cien mil consolas que iban a tener en cada habitación, ir y decirles que se pueden olvidar de todo. E innecesario. Fecha: 07/08/2007 13:34. Autor: La donna è mobile Ya van dos veces hoy que asocian la necesidad y el hambre con el toreo. La primera vez, en un programa de tarde, una tertulia en no recuerdo qué canal, en el que aparecía fotografiada la nueva hornada de maestros. El hijo del Cordobés, el hijo de Palomo Linares, el Juli, el hijo de Manzanares (guapo hijo de su guapo padre)... uno de los tertulianos dijo: sí, pero estos hablan un idioma diferente. Estos no saben lo que es pasar hambre. Ni necesidad (primera vez). Sus padres no harían jamás un anuncio de gafas, ni de bebidas refrescantes, ni se dejarían fotografíar posando, como hacen estos. Sus padres sí han conocido el hambre, y eso ha justificado toda su carrera taurina. La segunda vez ha sido hace unos minutos. Alfonso Ussía en una entrevista en Telemadrid hablaba sobre el futuro de la fiesta: sí, pero España ha cambiado mucho, ya no hay hambre. Y el hambre y la necesidad (segunda vez) han dado sentido al mundo del toro. Que hay que tener mucha hambre y necesidad (tres, pero no cuenta) para ponerte delante de un animal de quinientos kilos, con dos pitones, y hacer arte. Bien. Pues discrepo. A mí me chirría muchísimo que sea el hambre y la necesidad lo que impulse a los toreros a meterse en un recinto cerrado con tamaño bicho. Tiene que ser otra cosa. Yo he pasado hambre, y necesidad, y he estado en el paro y a punto de irme a pique. Hubiese trabajado en cualquier cosa, haciendo cualquier trabajo. Pero ¿torear? Vamos, ni en tiempos de guerra. Ni aunque se me cayera la casa encima. Si la fiesta se apaga, que no sé si se apaga, no será por falta de hambre. Será por falta de aficionados. Por falta de toreros o de toros o de almohadillas o de orquestas o de pañuelos. Como detalle romántico asociado no está mal. Pero no es creíble. El que torea lo hace porque le va, porque le va internamente, porque lo lleva atornillado al hueso, porque es lo que le pone, lo que le pide el cuerpo y además, lo que le pagan como a Dios. Lo que después sale en los periódicos y si se tercia, por la puerta grande. Quiá, de hambre y necesidad. Menuda tontería. Fecha: 07/08/2007 22:59. Autor: La donna è mobile Papá me sentaba sobre sus rodillas y jugábamos a ver cuál de los dos tenía más fuerza, pero con la cabeza. Las enfrentábamos y empujábamos, tan fuerte como podíamos. Dudo que alguna vez me dejara ganar, porque no le gustaba nada perder y porque yo me lo tomaba también muy en serio. Como con los pulsos, que los echábamos muy a menudo puede que en la parte que le tocaba, como premio de consolación por no haberle nacido, todavía, un hijo varón. Su quinta niña tenía bastante fuerza, él me lo decía y a veces se dejaba ganar, pero yo siempre sabía cuándo. También jugábamos a cosas más normales, vaya ahora a creerse, como al chinchón, o al dominó, juego en el que era un auténtico as. Nos juntaba a unas cuentas, él sentado en su trono vitalicio, y acercábamos una mesa alrededor de la que nosotras nos arrodillábamos. Se sabía todas las rimas habidas y por haber de las manos de cartas. Cartas justas, menos diez buscas. Caballo del pelo bayo. Todas. Y echaba las fichas del dominó contra la mesa como si quisiera atravesarla. Plas. Y te daba un susto de muerte, a propósito, que le hacía sonreírse sin apartar la mirada de sus fichas. Papá era muy inteligente y el absoluto centro de atención en aquellas partidas. Y lo sabía. Se relamía de placer mientras con sus manazas de ganador movía las fichas sobre el mármol de la mesa de centro, y preguntaba cuántos puntos llevábamos. El rey de su casa. Y nosotras éramos muy felices cuando él tiraba de la mesa, risssssss, y pedía jugadoras voluntarias. Muy felices, sin más. Han pasado un buen montón de años y ahora soy yo la que llama a los críos para jugar. Ellos vienen, montamos el Monopoly sobre la mesa del comedor y yo soy jugadora y banca. Se colocan uno a mi izquierda, el otro a mi derecha, y los machaco enseguida. Los arruino volando, y ellos me miran con cara de: mi madre, mi heroína, y a la vez que se descojonan por perder (como me pasaba a mí), con las bromas que les gasto y las tonterías que hago para que no se lo tomen en serio, se nota que se aplican para no perder la próxima vez. Aprenden rápido, cualquier día me costará mucho ganarles y estoy deseando que llegue. Pero a veces en la mesa dejo de lado el juego y me detengo en lo que está pasando. En pensar qué estará pasando por sus cabezas, qué recuerdos estarán guardando de ese rato, y cómo pasaré yo a su memoria. Qué escribirán ellos de mí dentro de veinticinco años. Les veo contando sus billetes, a lo suyo, ordenando sus propiedades, y me doy cuenta de que estoy pisando una zona fértil, un suelo en el que dejo huella. Cuando sean mayores y jueguen con los suyos tendrán recuerdos de estas tardes de verano, míos, de mis tonterías y mis risas, de las suyas, del modo en que les miraba, del amor que me tenían. Realmente son tan dulces, están tan tiernos. Todos los momentos son su momento, y esta casa, sus muebles, lo que hay en ella, su tiempo. Su magdalena. Fecha: 09/08/2007 16:03. Autor: La donna è mobile Siempre quise formar una familia. En realidad mi ilusión siempre ha sido esa. Tener un hombre al que admirar, con el que reírme, junto al que pelear y dormir, y unos hijos a los que cuidar y ver crecer con alegría. Poco más. Yo había probado la sensación de tenerla alguna vez, en casa, puede que durante esos ratos en los que papá jugaba con nosotras y mamá nos seguía desde donde estuviera. Y durante algunos años la tuve, cuando mis niños eran pequeños. Pero después la perdí y ya no sé si seré capaz de volver a tenerla. A veces me preocupa, como preocupa perseguir un sueño que parece inalcanzable, pero después me conformo diciéndome que las estructuras lo único que hacen es mortificar y comprimir a los que están dentro, y que es mejor ir por libre, a lo que sea, a lo que venga, que somos buenas personas, amorosas, y que eso tiene que ser suficiente. Es mentira, o no es suficiente. A mí me gustan las familias, el montón de críos, el montón de gente, los montones de ropa sobre las sillas en las habitaciones, las siete u ocho tortillas de patatas, las fuentes enormes de pollo a la naranja, la navidad, me gustan las colas para ducharse y que me toque sólo un ala en la paella. Me gusta que seamos muchos, me gusta cuidar del grupo, de que esté unido, de que se lleve bien. Me gusta restregarme contra todos, sentir el calor de ser muchos, de ser variado, de ser y punto. Me gusta. Me gusta que haya cien sillas alrededor de la mesa, y que estemos apretados. Me gustan esas cosas, que hable primero papá y servirle primero a él, me gusta que los críos se coman a besos a los abuelos, todo eso. Y puede que no lo tenga, que no lo sé, pero igual que nuestros ancestros dibujaban los ciervos, los jabalís, los mamuts en la pared, con la pretensión bruja de poder echarles el guante, yo me lo dejo aquí escrito para que se sepa. Porque para eso son estas cosas. Fecha: 09/08/2007 16:20. Autor: Zeno Me gusta cómo habla de la familia y, sobre todo, de los hijos. Me emociona porque reconozco como propios muchos de esos sentimientos. Y me admira que se atreva a escribir esas cosas que los bienpensantes modernos tacharán sin duda de trogloditas. Recuérdeme que un día de estos le haga llegar unos textos de Natalia Ginzburg que andan por casa. Seguro que le gustan. Z. Fecha: 10/08/2007 15:05. Autor: La donna è mobile Mañana aparecerá una nota en prensa: aparecere un charco sospechoso donde no lo había y desaparece una mujer que estaba. Y seré yo. Que me aburro y tengo calor. Y me aburro y tengo calor. Dicen que el viento vuelve locas a las personas. Leí una estupenda novela (estupenda novela, es cierto) de Almudena Grandes que hablaba de esto. Del viento. Ah (se me había olvidado el título), los aires difíciles. Pero no sé para qué hago el esfuerzo, si yo lo que quiero es decir que es peor el calor. Esta quietud, el silencio, la sensación de tener los tobillos enterrados en asfalto. La certeza de que todos están por ahí, donde posiblemente haya incluso ruido, y algo de viento. Música. Hay muchas posibilidades de que cierre los ojos, me concentre, y escuche respirar a todo el vecindario. Quizá lo haga. He estado pensando, en pleno delirio y mientras me atrevía a escuchar algo de Chopin con la ventana cerrada, que quizá, aprovechando que todos nos confiamos, alguien lance una ola de frío, una terrible gélida mortífera ola de frío y entre por los balcones ventanas y terrazas de los confiados que tienen todo abierto. Puede que sólo nos salvemos los amantes de Chopin. Los amantes de la música. Los amantes. ¿Habrá alguien haciendo el amor a estas horas? Fecha: 11/08/2007 02:14. Autor: La donna è mobile (Por Dios, qué noche la de ayer...) Es que vengo de familia numerosa, Zeno, y siempre me ha parecido un lugar muy cómodo. Al menos un lugar que no deja indiferente. Si bien lo mira, ¿nunca ha oído hablar de las ventajas de llevar a los niños a hacer deportes de equipo? Ya sabe que frente a los deportes individuales, que se alimentan de otros caldos, los de equipo fomentan valores positivos en los críos. Pues en las numerosas pasa algo parecido. Compañerismo, solidaridad, unión, generosidad, no somos nadie. Esas cosas. No te crías igual, eso está claro. Lo que dice de los modernos bienpensantes es cierto. Me podrían y deberían tachar de troglodita, por las cosas que digo. Pero yo estoy chapada a la antigua, me gustan las cosas a la antigua, y siempre que puedo, enseño a los míos cómo se hacen las cosas a la antigua, porque como diría algún cuplé, a la antigua se vive mejor. Fecha: 11/08/2007 11:39. Autor: La donna è mobile Qué tontería. De nada, :-) Estos ya se han tomado la merienda así que nos vamos a la playa. Ésta, y las nueve de la mañana, son las mejores horas para darse un baño. Siempre según la mobilette. Un beso, mimou, pasa buena tarde. Fecha: 11/08/2007 18:50. Autor: Mimou Lo haré, por orden tuya. Acaba de pasar un coche de boda con todos los lacitos y éso. !Qué envidia! Fecha: 11/08/2007 18:56. Autor: Ardi Te aseguro, pongo la mano en el fuego, que hay alguien haciendo el amor en este precisamente momento. No soy yo, ni les veo, pero te lo aseguro. Fecha: 11/08/2007 20:09.
Me parece muy bien que defienda esos valores, señora Móvil. De hecho son muy positivos. Pero no se me ponga antigua y melancólica, por favor; afecta al cutis y a la tersura del pecho. Y no se disfruta el sol del atardecer con la misma sonrisa. Respire y sienta la vida, señora. Tan nueva en cada minuto, tan intensa, tan excitante. Fecha: 11/08/2007 22:31. Autor: La donna è mobile Estaba ayer repasando unos párrafos que tenía guardados de Desgracia, de Coetzee, libro que leí puede que el verano pasado, y me encuentro esto: “Él tiene una idea atinada de cómo hablan entre sí las prostitutas sobre los hombres que las frecuentan, en concreto los hombres de edad avanzada. Cuentan anécdotas, se ríen, pero también se estremecen, tal como alguien se estremece al ver una cucaracha en el lavabo cuando va al cuarto de baño en plena noche.” Que es un párrafo no especial brillante (aunque por supuesto, sí, como todo lo de este autor) pero que a mí se me había quedado en la memoria, como se quedan algunas cosas, creyendo que en lugar de “estremecen” decía “enternece”. Tal como alguien se enternece al ver una cucaracha en el lavabo cuando va al cuarto de baño en plena noche. Claro, yo había imaginado la escena, te haces pis, te levantas, te diriges hacia el baño, abres la puerta, le das a la luz (o viceversa, según casos) y allí encuentras, enternecido, a la cucaracha que estaba a lo suyo, vaya usted a saber qué, haciendo sus cosas de cucaracha de las que tú nunca hubieses sabido nada de no andar saliéndote de madre a las tantas y oh, tú interrumpiéndole, sin ningún derecho invadiendo su mini-mundo cucarachero, mientras vuestras materias se encuentran en el pequeño espacio, ella avergonzada de que la hayas pillado en su existencia, tú asqueado pero enternecido por tener, por obligación, ahora, que matarla. Y ella sabiéndolo. (Pausa dramática) Y eso pasó así a mi cabeza, fijándose, tal cual. Hasta que hoy regreso a la línea y me doy cuenta de que no. Que pone “estremecen”. Después de haberla recordado con cada cucaracha (gracias a Dios, no en mi casa) que había visto desde entonces, es diferente. Después de haber intentado cuadrar esa expresión en algún escrito, la nada. No es. Luego con enternecen es mía. Mía en propiedad. Vaya. Fecha: 13/08/2007 10:23. Autor: La donna è mobile Ya respiro y siento la vida, Gonzalito, “Tan nueva en cada minuto, tan intensa, tan excitante.”, pero yo no siento ni que sea intensa, ni excitante, ni nueva en cada minuto. Y no soy especialmente pesimista ni mucho menos, pero esas cosas no me pasan. Antes sí, pero debía ser en la época en la que me levantaba del sofá de un salto. O gritaba y aplaudía cada vez que algo me alegraba el día. Que parecía todo tan trepidante, tan sorprendente, tan inexplorado. Ahora me limito a hacer casi siempre el mismo camino, el camino que me ha tocado (por lo que se ve) y hermosearlo lo más que puedo. Que material hay. Camino que varía bastante poco (por lo que también se ve). No tengo acceso, lástima sea, a llevar un tipo de vida nueva, ni intensa ni excitante. Vayámonos de viaje, caramba. Qué manía de estar siempre en el mismo punto… Fecha: 13/08/2007 10:43. |
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